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lunes, 19 de septiembre de 2011

ONOMÁSTICAS Y CUMPLEAÑOS

Además del inicio de la melancólica estación otoñal, septiembre es un mes especial para mí, porque en él coinciden mi onomástica y mi cumpleaños. Qué mejor ocasión que dedicarlo a este tema. Esta semana felicitaremos y seremos felicitados, montaremos o asistiremos a una celebración, haremos y recibiremos regalos... ¿Te apuntas al plan?







Santos y cumpleaños. En España, como nos gusta tanto celebrar y estar con la familia y amigos -no lo digo yo sino muchas encuestas-, tenemos dos celebraciones propias de cada uno/a: la onomástica y el cumpleaños. Hasta mediados del siglo XX era costumbre extendida bautizar a los niños con el nombre del santo del día, si no en primer lugar, sí, al menos como segundo nombre. Era una forma de expresión cristiana para tener, al menos, un intercesor en el Cielo. De esta manera muchas personas celebraban una sola vez al año. Como todo evoluciona, hoy solemos tener dos celebraciones, aunque, de igual modo que se ha perdido el uso de llamar a la criatura con el santo del día, con ella ha volado, en muchas ocasiones, la de felicitarla cada año el día de su onomástica. En Cataluña, por ejemplo, la felicitación del santo se conserva y, socialmente, es tan importante o más que la del cumpleaños. Celebrar el cumpleaños es una costumbre importada de los Estados Unidos, que ha arraigado muy bien: Happy Birthday to you! Hay que distinguir entre santos y cumpleaños. Con el día de la onomástica no te puedes equivocar, lo tienes en el santoral o en la wikipedia. Sólo puedes cometer el error de conocer a alguien por un diminutivo y no dar con su verdadero nombre -por ejemplo, yo conozco a una Vicky que no se llama Victoria sino Virginia-, pero esto no es lo habitual. En cambio, con el día del cumpleaños es fácil "meter la pata", a no ser que tengas una memoria de elefante. Es aconsejable llevar una agenda en el ordenador o el teléfono y una copia en papel, por si la tecnología falla. Hoy en día hay otras facilidades como las de las redes sociales, que te avisan del cumpleaños de tus contactos. Los santos son todos felicitables y regalables; los cumpleaños más opcionales, aunque la felicitación es muy de agradecer, pero la cuestión "regalo sí / regalo no" ya depende del presupuesto de cada quien. La flexibilidad en estos temas hoy en día es fundamental, pues hay que tener en cuenta que sigue habiendo mujeres que sólo celebran el santo, pero felicitarlas el día del cumpleaños puede resultarles ofensivo. A mi abuela le coincidían ambos, pero siempre decía celebrar su santo y en mi familia hemos heredado la sana costumbre femenina de no decir la edad, no cumplir o descumplir; eso sí, la celebración la conservamos. Por otra parte, desde que se puede registrar a un bebé con el nombre que se quiera -el de una fruta que coincide con un gigante de la informática, por poner un ejemplo famoso-, existen personas que carecen de día en el santoral. Será bueno conocer quién celebra qué para no meter la pata y, en caso de tratarse de un compromiso, no dudes en felicitar el santo antes que el cumpleaños.

Felicitaciones. Lo más personal es el teléfono o una tarjeta/tarjetón por escrito. De cualquiera de estos dos modos, han de ser breves. No es un día para la conversación telefónica. Mostrarás consideración por tu parte si no te extiendes en tus palabras, pues, de lo contrario, el teléfono de la persona que celebra comunicará sin parar y no podrá recibir otras felicitaciones. Lo mismo sucede con una tarjeta. Nos limitaremos a demostrarle nuestros mejores deseos para el día señalado. Las felicitaciones por correo electrónico, depende del cariz que tengan, pueden resultar más o menos frías. Las que realizamos en una red social son de lo más impersonal y están bien para personas no allegadas, pero nada más.

Regalos. La esencia de regalar consiste en agradar al agasajado, en la generosidad de dar y en la dicha de quien recibe. Por eso es muy recomendable conocer los gustos de la persona con la que queremos tener ese detalle. Excepto en los casos entre esposos, novios o familiares muy cercanos, el precio del regalo ha de ser razonable. Si hacemos un regalo muy caro, podemos abrumar a la otra persona o ponerla en el compromiso de corresponder con algo de igual valor. Si, por el contrario, el regalo es una piltrafa demostramos poco aprecio e indiferencia. No resulta aconsejable hacer un regalo a una persona "importante" ni mucho menos "influyente", pues se pueden deducir segundas intenciones o motivos subyacentes del tipo futuros favores, ascensos, contactos...

Entrega y recepción de regalos. Los regalos no se ofecen tal cual están en un escaparate sino que han envolverse cuidadosamente en un bonito papel o una preciosa caja. No se entregan en una bolsa de plástico o cartón, a no ser que sean bolsas específicas para regalos, bien de la propia tienda, bien adquiridas por nosotros mismos. A los regalos se les pueden poner cintas y lazos, pero siempre han de ser de buen gusto y no excesivamente llamativos. Por supuesto, el precio habrá sido eliminado. Aunque existen grandes almacenes que lo proponen, no incluiremos un ticket-regalo para cambiarlo. Denotará cierta falta de sensibilidad por nuestra parte y poco interés y desconocimiento de la persona que lo recibe. El regalo se entrega al llegar o, como muy tarde, después de haberse quitado el abrigo y entrar en la sala de celebración. Si no podemos asistir y hemos de enviarlo, lo haremos acompañado de una pequeña nota de felicitación, tamaño tarjeta de visita. Nunca se envía un regalo anónimo. Al recibir el regalo lo haremos con naturalidad y espontaneidad, daremos las gracias y procederemos a abrirlo en ese mismo momento. Una vez abierto lo volveremos a agradecer. Nunca se deja un regalo sin abrir, pues mostraría poca consideración hacia quien regala. Recuerda que ni tú ni yo somos los Reyes de España ni un personaje público importante saliendo de un evento al que le ofrecen un regalo improvisado y, por cuestiones de seguridad, han de dejarlo en manos de su personal. No son de buen tono expresiones como "por qué te has molestado" o "no era necesario": Resultan una falta de consideración. Aceptar la generosidad de los demás nos hace humildes y agradecidos y hay que ser humilde para recibir con alegría. Si el regalo nos ha sido enviado, lo agradeceremos por escrito en cuanto nos sea posible. Todos los regalos han de ser admirados por igual, pues no todo el mundo posee igual situación económica y lo que cuenta es la ilusión de quien da y de quien recibe. ¿Se puede rechazar un regalo? Sólo en casos excepcionales: cuando se trate de algo muy valioso procedente de alguien que no sea de confianza o de un regalo comprometido, como joyas o ropa íntima a una mujer que no es la esposa propia. Existe el regalo circular: Ese que te regalan, no te gusta y lo regalas a otro y este a su vez a una tercera persona y va pasando de mano en mano hasta que un día... ¡Horror! Vuelve a la persona del punto de partida o esta ve cómo se lo regalan a alguien. Jamás "re-regales", es decir, oferzcas un presente que te fue regalado previamente a ti.

Qué regalar. Las flores, los dulces o una buena botella de vino siempre se agradecen. En el caso de las flores, has de tener en cuenta el significado de las mismas y sus colores, cómo se entregan o envían. Esto ya lo expliqué en un "post" sobre flores. Si quieres más información, pincha aquí. Los dulces y bombones, exceptuando que la persona sea diabética, aun así también son un acierto, porque siempre se pueden ofrecer a los demás. Con el vino sucede lo mismo. Otro de los regalos comunes y con altas posibilidades de dar en la diana es un libro. Desde luego, habrá que conocer los gustos literarios del agasajado y te sugiero que antes lo hayas leído, tanto para saber si es bueno como para poder comentarlo. Los regalos son personales, no para uso común. No regales una cafetera a tu esposa, por poner un ejemplo típico. Regalar dinero es complicado y sólo lo haremos cuando no resulte ofensivo. Personas propicias para recibir este regalo son la asistenta de tu casa o un familiar cercano, como un nieto, sobrino... 
Puesto que lo propio es interesarse por los gustos del celebrante, a cada quien le obsequiaremos con aquello que más le agrade. No hay nada más triste en cuestión de agasajos que entrar en una tienda y decir al dependiente: "Busco un regalo para un amigo, pero no sé el qué". Da igual si un amigo tiene 200 corbatas porque le gustan, agradecerá una nueva si es bonita. Conocer las aficiones y maneras de ser de cada quien nos ayudará en nuestra elección: si le gusta pintar, escribir, le apasiona la moda, es un gourmet, le encanta viajar o, por el contrario, es casero... siempre nos aportarán pistas para acertar.

Celebraciones. Lo más usual para este tipo de acontecimientos es un almuerzo familiar y un cóctel con los amigos. Para obtener más datos sobre la organización de un cóctel y el modo adecuado de asistir al mismo, pincha aquí y verás mi "post" sobre cócteles. Aunque esto sea lo tradicional, siempre puede haber variaciones. Los niños hacen meriendas -ya les dedicaré una entrada a ellos-; las mías de niña solían ser fiestas temáticas, cosa que también puedes hacer ahora. Se pueden hacer cenas, copas, picnics y un sinfín de modalidades más con las que compartir con tus amigos. Eso sí, envía siempre una invitación en papel y no un e-mail o un evento en una red social despersonalizado y con prisas. Si eres el convidado, puedes responder por escrito o por teléfono

LO QUE NUNCA DEBES HACER

1. Felicitar un cumpleaños si no estás seguro/a de la fecha.
2. Felicitar un cumpleaños a una señora mayor o a alguien que no lo celebra.
3. Pensar en los gustos propios en vez de en los del otro a la hora de realizar un regalo.
4. Ofrecer o aceptar regalos comprometidos.
5. No agradecer un regalo.

Con estos consejos, en todas las celebraciones... ¡a disfrutar!